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Ética, la variable horizontal en toda empresa

Por Marco Iván Escotto*

Todo director de empresa posee lo que algunos llaman una visión sistémica. Esto quiere decir que el bienestar de la empresa requiere no enfocarse en una sola variable: el hecho de que el departamento de ventas o de producción estén funcionando correctamente no significa necesariamente que la empresa funcionará bien; requiere ver “el todo”, para saber que la empresa dará resultados.

De manera general, podemos agrupar tres grandes variables que el director debe tomar en cuenta: rentabilidad, productividad y marca. Rentabilidad se refiere a los resultados financieros de la empresa, la productividad consiste en la generación de mayor riqueza al menor costo, y la marca es la imagen y prestigio que va construyendo la compañía a lo largo de su trayectoria.

Algunos directores mencionan que la más importante, evidentemente, es la rentabilidad; otros, que depende de la etapa por la que esté pasando la empresa –si es una etapa de arranque o de consolidación, por ejemplo–, pero todos coinciden en que las tres variables están íntimamente ligadas.

Curiosamente, aunque sí están ligadas y tienen influencia una sobre otra, son variables verticales que el director puede trabajar de manera individual. Si quiero fortalecer la marca, aunque necesito tener un buen producto o servicio que respalde a la empresa, puedo desarrollar una buena campaña publicitaria que fortalezca la imagen de la misma. Si uno se quiere enfocarse en la productividad, tendrá que ver todo el proceso de producción o servicio implicado y puede trabajar sobre los cuellos de botella. Si uno quiere mejorar la rentabilidad se puede enfocar en disminuir los costos o fortalecer la ventaja competitiva.

Sin embargo, hay una variable horizontal que si no se cuida puede afectar a las tres anteriores. En cambio, si se trabaja puede incidir positivamente en sus resultados. Esa variable horizontal es la ética.

Entiendo por ética, como lo señala el doctor Carlos Llano, el “saber práctico que contiene las disposiciones necesarias para que el ser humano alcance la plenitud y la vida lograda”(1). La ética parte del principio antropológico de que el ser humano es un ser inacabado, es decir, que venimos al mundo con ciertas capacidades pero que estas pueden desarrollarse mucho más, no están terminadas ni finalizadas. Cada persona sabe si quiere desarrollar más su intelecto, su cuerpo, sus emociones o buscar un equilibrio entre estos elementos. La ética le ayuda a las personas a alcanzar esa plenitud o desarrollo.

Por tanto, la ética en la empresa busca el desarrollo de las personas que trabajan en ella y, por ende, el desarrollo de la empresa en su totalidad. Recordemos que la organización es una comunidad de personas unidas en pos de un objetivo en común. El director de empresa guía a personas, quienes son su principal materia de trabajo.

Si la ética ayuda a desarrollarse a las personas, el director tiene que tomar en cuenta a la misma. En primera instancia para su propio desarrollo como director y, en segunda, para el desarrollo de los que lo acompañan.

La rentabilidad de la empresa dependerá (entre otras variables) de la productividad de la misma y de la buena imagen que tenga en el mercado. Cuando la ética –ligada a la Responsabilidad Social Empresarial– no se cuida y lo que se busca es la rentabilidad a toda costa, lo primero que se afecta es la imagen de la empresa, interna y externamente, pues no importarán los medios que se usen para alcanzar los resultados.

Es cuando fenómenos como la corrupción, el uso de información privilegiada, el acoso sexual, los conflictos internos, escándalos corporativos, etcétera, empiezan a aflorar. El riesgo de afectar a la marca aumenta y muchas empresas han desaparecido por fenómenos de este tipo, ¿recuerdan a Arthur Andersen, de la empresa de auditoría envuelta en el caso Enron?

Pero también afecta a la productividad. Para generar la mayor riqueza al menor costo se necesita un trabajo coordinado entre diversas áreas en tiempos y comunicación, para lograr este objetivo se necesita crear un ambiente de colaboración que difícilmente se dará cuando no existe una cultura ética en la empresa. Es común que cuando se tiene la concepción de que el trabajador es un activo más y puede ser reemplazable, no haya un compromiso del mismo para con la organización. Para lograr niveles competitivos de productividad hay que tener a todos los colaboradores voluntariamente alineados hacia el logro de la estrategia definida. Sin ética es muy complicado.

La ética sirve a la empresa como una red de contención de riesgos internos y externos, pero esa no es su mayor aportación. Son las empresas que combinan ética y eficacia las que pueden mejorar más fácilmente su rentabilidad, aumentar su productividad y fortalecer su marca, en el mediano y largo plazo, es decir, hacer sustentable su operación.

La ética es una variable horizontal que todo director o directora debe tomar en cuenta, para sí mismo/a y para los que trabajan con él. Ignorarla terminaría afectando la rentabilidad de la misma, y afectando su finalidad, la generación de riqueza.

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