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Encuesta tendencias 2011: Educación ejecutiva 2.0

La educación ejecutiva sigue de moda. La proliferación de los programas de MBA no cesa, y lo mismo sucede con los cursos cortos, más específicos y los programas in-company. Ninguna escuela quiere quedarse atrás y cada cual busca las maneras de innovar y de captar un bocado de este lucrativo mercado.

Los Master in Business Administration (MBA) en América Latina no solo capearon con éxito el temporal de la crisis financiera global, sino que el concepto general de educación ejecutiva salió fortalecido y con nuevas proyecciones. Esta es una de los principales mensajes que se recogen de la encuesta que Educamericas envió a importantes escuelas de negocios de América Latina y España para indagar sobre lo que depara el 2011 a la formación ejecutiva y al MBA en particular.

Siguen las apuestas por el MBA
¿Alguien dijo no va más? Al contrario. Las apuestas por el título más cotizado del mercado siguen firmes. Los cuestionamientos surgidos tras la crisis subprime y otros escándalos en que participaron ejecutivos egresados de prestigiosas escuelas de negocios parecen haber quedado atrás y el título sigue más vigente que nunca.

“A pesar de las numerosas voces que se alzaron para atacar a los programas de MBA en medio de la crisis financiera de hace un par de años, la realidad demostró que para las buenas escuelas de negocios su contribución a la formación de gerentes y ahora de empresarios era sólida”, señala Guillermo D. Selva, decano de los programas de maestría de la costarricense INCAE Business School.

Por su parte, Carlos Loisi, vicedirector de MBA de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella, en Argentina, asegura que la utilidad de un MBA para potenciar carreras profesionales es un factor ya instalado y muy difícil de desacreditar. Sin embargo, hace una aclaración: “Un MBA potencia buenos perfiles y carreras, pero no los genera. Es irreal creer que por tener un MBA un profesional será automáticamente lanzado a una posición gerencial o directiva”.

Y ahí está la clave. No cabe duda que los MBA llegaron para quedarse. Pero un MBA hoy no es lo mismo que hace 10 años y quienes se embarcan en esta maestría deben tener claro que junto con la masificación del título se produjo un cambio en las expectativas. Antes, tener un MBA era sinónimo de contratación asegurada, de ascenso, de aumento salarial, de éxito. Hoy es simplemente la base para ocupar un cargo gerencial o de alta dirección.

“La principal diferencia entre los MBA de antes y los MBA de después es que en el pasado ellos constituían una variable de diferenciación entre un profesional y otro y hoy son un must para aquel que desee cargos directivos o avanzar en su carrera profesional”, comenta Claudia Halabí, directora de la Escuela de Postgrado de la Facultad Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales, Chile.

Para Sebastián García-Dastugue, Ph.D. director del Departamento de Administración de Empresas de la Universidad de San Andrés, Argentina, este escenario ha hecho que muchos participantes pongan menos energía de la ideal para sacar del MBA lo máximo. “Los participantes de los MBA deben darle mayor relevancia al esfuerzo que hacen y así hacer que les sea una experiencia de aprendizaje única en la vida”.

Y efectivamente, más que un trampolín para conseguir cargos más importantes o sueldos más altos, es bueno saber que estos programas, bien aprovechados, debieran trascender la esfera laboral y convertirse en una experiencia de vida. “Participar en una maestría es, cada vez más, una competencia del ejecutivo que va más allá de la experiencia del desempeño laboral, pues aprende a desarrollar mucha más empatía y a centrarse en los resultados esperados”, opina Cristian Ramos, director de Sede de la ADEN Business School Panamá.

Otra cosa que deben tener en cuenta los candidatos es que “la elección no está en el producto, a pesar del aumento de la demanda de programas más específicos e innovadores, sino en la institución elegida. Cada persona debe buscar su desarrollo profesional acorde con su compromiso como profesional y como persona”, señala Juan Antonio Briano Ormaechea, director del Área Internacional de la Escuela de Organización Industrial (EOI) de España.

Ya tengo un MBA… ¿y ahora qué?
Con este cambio de paradigma, el MBA ya no es visto como la meta final sino como un punto de partida. Y las buenas escuelas lo saben, así que están poniendo todos sus esfuerzos en dar continuidad a sus graduados, mediante programas de especialización o actualización, cursos de formación continua, etc.

“Los mercados son cada vez más dinámicos en el desarrollo de sus ciclos de productos, de modo que aprender las experiencias de negocios efectivas fue, es y será una constante que requerirá de actualización continua por parte de los ejecutivos”, comenta Jorge Toro, director de educación corporativa del Centro de Educación Ejecutiva (CEE) de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) en Chile, añadiendo que “participar de programas de actualización ejecutiva es fundamental si no se quiere quedar rezagado”.

También en Chile, José Miguel Simian, director académico de ESE Escuela de Negocios de la Universidad de los Andes, considera que después de un MBA la gente probablemente buscará programas cortos, específicos que le entreguen conocimientos puntuales. Además, agrega, está la opción de cursar un programa de alta dirección para desarrollar o consolidar las habilidades directivas.

Gaston J. Labadie, decano de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales de la Universidad del ORT Uruguay, concuerda en que los programas de actualización en alta dirección deben ser el paso siguiente para quienes tienen interés profesional, mientras que para aquellos que tienen interés académico están los programas de nivel doctoral.

¿Online o presencial?
De las respuestas a nuestra encuesta se desprende que los programas presenciales siguen siendo la modalidad de preferencia, seguidos por los programas que mezclan lo presencial con clases online.

“Creo que [los programas más buscados] seguirán siendo los masters a tiempo completo presenciales, aunque cada vez se harán más programas blended, aquellos que combinan una parte presencial en distintas ciudades del mundo y una parte online”, dice Fernando Fontes, director de IE, España, para América Latina.

“Las tendencias de educación online seguirán fortaleciéndose, pero las clases presenciales que promueven la interacción cara a cara aún se mantendrán debido los retos y nivel de competencia que impone en los estudiantes participantes, durante las discusiones en clase y trabajo en equipo tanto en aula como fuera de ella”, según Sonia Zurita, directora del MBA de ESPAE ESPOL, Ecuador.

Para Juan Luis Orozco, rector del ITESO, de la mexicana Universidad Jesuita de Guadalajara, la tendencia y las necesidades de los profesionales del área apuntan a que los MBA tengan modalidades múltiples presenciales, semipresenciales y en línea. Además, sostiene, que es importante que los programas “involucren en su plan curricular la intervención de profesores “de casa” e invitados de otras instituciones, de modo que la planta docente aporte una visión multicultural, amplia y compleja del entorno global en el que se desarrollan los negocios actualmente”.

Por su parte, Simian, de ESE Escuela de Negocios, tiene una opinión más categórica con respecto a las modalidades a distancia. “Para desarrollar habilidades de dirección la modalidad de cursos presenciales no tiene sustituto. Las habilidades deben ser entrenadas y no sirven de mucho los cursos online o a distancia”, asegura.

¿Docentes del mundo de los negocios o de la academia?
Definitivamente hay consenso en este punto: la mejor alternativa para tener un faculty de calidad es tener una combinación de profesores provenientes del ámbito académico y del mundo de los negocios.

“Necesariamente los docentes que enseñan en negocios deben estar en la interfase de ambos mundos. El académico puro realmente hace un gran aporte al conocimiento, pero en disciplinas vinculadas a negocios y economía se hace necesario solapar la investigación con la práctica profesional”, sostiene Selva de INCAE, además agrega que “el profesor que viene de la práctica profesional trae consigo todo un bagaje muy valioso para las aulas, pero muchas veces el potencial se diluye por falta de sustento teórico. Ninguna clase se puede sostener en base al anecdotario”.

Roberto Solano Méndez, decano de la Escuela de Negocios y Economía de la Universidad de las Américas Puebla en México, concuerda con este punto. “Debe existir un balance y colaboración entre estos dos tipos de profesores. Lo ideal es tener profesores que combinen ambos enfoques para que además de tener las credenciales de la experiencia se haya profesionalizado en la docencia e investigación. “Una escuela de negocios, para tener credibilidad, debe avalar la experiencia de sus profesores en el campo”.

Investigación, ¿la gran deuda de las escuelas de América Latina?
Está claro que la educación ejecutiva no es solo una moda y que el ocaso está lejos. De hecho, se está convirtiendo en un proceso que va más allá de un MBA. En este escenario de maduración de la industria, sin embargo, hay, para muchos, una asignatura pendiente por parte de las escuelas: la investigación.

¿Será que ahora que la economía en América Latina se ha encarrilado y que las escuelas de negocios viven un nuevo auge, estas aumentarán sus esfuerzos en investigación?

“No lo creo, en realidad”, señala Fernando Fontes, director de IE para América Latina. “No es admisible pensar que la estabilidad económica deba dar lugar al inicio o aceleración de la investigación en negocios”, agrega Juan Cruz Lozada, director de la argentina UADE Business School. “La investigación debe estar presente en todo momento y bajo cualquier coyuntura. Es más, hasta podría postularse que cuando más se necesita de la investigación es en los momentos de crisis. La universidad está al servicio de la sociedad y debe colaborar con la solución de sus problemas cuando estos se presentan”, señala.

Este un llamado que las escuelas deben escuchar con atención dado el grado de maduración que ha alcanzado la educación ejecutiva en América Latina. “Solo un número pequeño de universidades y escuelas de negocios posicionadas en los primeros puestos de los rankings potencian realmente la investigación”, señala Fontes. Es un espacio que debe ser llenado.

Fuente: Educamericas.com

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